viernes, 6 de julio de 2012

Un ojo verde, un dragón y una sonrisa


Aún conserva uno de los ojos verdes de piedra desde los que observa lo que pasa por debajo de su cabeza, ya que nunca pudo moverla, él está ahí en la esquina sobre la farmacia, de vez en cuando, cuando todavía tenía todos los dedos de las patas delanteras podía mirar enfrente, al teatro del que salían por la noche las hermosas mujeres con sus vestidos largos y los hombres con sus sombreros, bastones y bufandas blancas.

Él sigue ahí, le da el viento del norte que viene desde la calle principal y alguna que otra vez, la brisa marina que viene del sur, de la calle que daba al mar, ahora cada vez le duele un poco más la cabeza y las articulaciones por esa humedad que nunca le deja y que le golpea insistentemente detrás de uno de sus cuernos cuando la lluvia es fina pero intensa. Cree que nunca se acostumbrará a ello y desea que viniese una tormenta de esas que había al principio para que le arranque de la pared y caiga violentamente contra el suelo para hacerse pedazos. Si, prefiere eso a seguir desgastándose así y notar que le faltan más uñas y todas las escamas de su cuerpo; ahora el viento se le mete por entre los agujeros que se han abierto en su cuerpo de piedra y le hacen cosquillas, pero como ha perdido muchos de los dientes que sobresalían de su boca abierta, no puede ni reírse.

Antes, recuerda, los niños se quedaban bajo él con la boca abierta y le miraban imaginándose historias que él ya había vivido, como la de la vez que entró en el fondo del mar y encontró un pequeño tesoro hundido que luego recuperaron los piratas, o como esa vez que despertó al lado de una tortuga que nunca antes había visto y que se desvaneció entre sus manos nada más abrir los ojos para dejarle una concha que aún está pegada a la pared, eso es lo único que le molestaría, perder los recuerdos que jalonan su pared, sus tesoros de los que se apropiaron cuando entró en el sueño de Iván.

Desde que ella se fue él sabe que nada volverá a ser como antes, nada excepto la sonrisa de esa mujer que acompaña a su marido y sube por la avenida, le mira y le muestra todos los dientes blancos en su hermosa cara negra.

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